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Décima Época Semanario Judicial de la Federación 42515         1 de 1
Plenos de Circuito Publicación: viernes 16 de junio de 2017 10:22 h
Voto particular que formula el Magistrado Daniel Horacio Escudero Contreras, integrante del Pleno en Materia Civil del Primer Circuito, con motivo de la resolución de la contradicción de tesis 27/2016, suscitada entre las sustentadas por los Tribunales Tercero, Cuarto y Octavo, todos en Materia Civil del Primer Circuito.

Nota aclaratoria: el Magistrado Daniel Horacio Escudero Contreras se adhiere a las consideraciones del voto particular formulado por el Magistrado Abraham S. Marcos Valdés.

QUINTO.-Resolución del Pleno Civil.

Este Pleno de Circuito considera que debe prevalecer, con el carácter de jurisprudencia, la tesis que con posterioridad se precisa, de acuerdo con los siguientes razonamientos:

Para resolver la cuestión planteada, primeramente se hace necesario esclarecer los efectos que la muerte del mandante tiene sobre el mandato.

El artículo 2595, fracción III, del Código Civil para el Distrito Federal (hoy Ciudad de México) categóricamente establece que el mandato termina por la muerte del mandante.

El fundamento filosófico, la razón última del precepto radica en la esencia misma del mandato, porque si éste no encierra en el fondo más que una extensión de la personalidad, por cuya virtud la actividad del mandante, limitada en su ejercicio por las imposiciones de su condición corpórea, se extiende dándole la ubicuidad que le permite actuar a un mismo tiempo y en distinto espacio, tiene entonces que concluirse que la muerte del mandante priva al mandato de su razón de ser, puesto que no hay persona cuyo ámbito de actuación pueda ampliarse.

Al ocuparse de la cuestión, Laurent(1) invoca a Pothier, y dice: "... el motivo que da Pothier para justificar la conclusión del mandato, es un motivo de derecho que parece relacionarse con la misma esencia del mandato; el mandato es una representación del mandante por el mandatario; y ¿Puede representarse al mandante cuando dejó de existir?."

Un motivo adicional que explica la extinción del mandato por la muerte del mandante, no menos importante, consiste en que, desde el punto de vista del mandante, el mandato descansa en la confianza que el propio mandante le dispensa al mandatario, esto es, es un contrato que se celebra intuitu personae y, por tanto, la muerte del mandante le pone fin, toda vez que no es exacto que la confianza que el mandante tiene en el mandatario se transmita a los herederos (quienes tal vez ni siquiera conozcan al mandatario), puesto que la "confianza" no constituye un derecho u obligación susceptible de ser transmitido como si formara parte integrante del patrimonio del mandante fallecido.

La confianza -actitud mental que inclina a creer o esperar algo o de alguien- por su naturaleza es estrictamente personal, es sinónimo de fe y, por ello, no puede decirse que por ministerio de ley se transmita a los herederos al morir el mandante.

Al respecto, el Diccionario de la «Lengua Española de la» Real Academia Española en su primera acepción define el vocablo "confianza" de la siguiente forma: "Confianza: De confiar. 1. f. Esperanza firme que se tiene de alguien o algo."; y el propio diccionario define el vocablo "confiar" de la siguiente manera: "Confiar: Del lat. *confidare, por confidere. Conjug. c. enviar. 1. tr. Encargar o poner al cuidado de alguien algún negocio u otra cosa. 2. tr. Depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa. U.t.c. prnl. 3. tr. Dar esperanza a alguien de que conseguirá lo que desea. 4. intr. Esperar con firmeza y seguridad. U.t.c. prnl".

Sobre ese punto, Rafael Rojina Villegas,(2) dice:

"Como el mandato implica un cargo de confianza y, por consiguiente, es un contrato intuitu personae, por la muerte de cualquiera de las partes se da fin a la relación jurídica, ...".

Asimismo, Manuel Mateos Alarcón,(3) sostiene:

"El mandato supone que el mandante tiene confianza en el mandatario, toda vez que pone en sus manos la dirección de sus intereses ...".

"... El mandato reposa especialmente en la confianza, o lo que es lo mismo, es un contrato que se celebra intuitu personae y, por tanto, no debe llamar la atención, que la muerte del mandante o del mandatario ponga a fin a ese contrato, y no se transmitan a los herederos los derechos y obligaciones que de él nacen, como en los demás contratos.".

A su vez, Planiol,(4) señala:

"El mandato puede terminar por las mismas causas que todos los demás contratos. Pero, además, habiéndose celebrado intuitu personae, termina por voluntad o por muerte de una u otra de las partes."

Sentado lo anterior, el artículo 2600 del Código Civil para el Distrito Federal (hoy Ciudad de México), dispone:

"Artículo 2600. Aunque el mandato termine por la muerte del mandante, debe el mandatario continuar en la administración, entretanto los herederos proveen por sí mismos a los negocios, siempre que de lo contrario pueda resultar algún perjuicio."

Como se ve, el precepto transcrito permite la subsistencia del mandato después de la muerte del mandante, siempre que de lo contrario pueda resultar algún perjuicio.

A fin de fijar el correcto alcance de esa disposición, debe tenerse en cuenta el cambio profundo que en la situación del mandato trae consigo la muerte del mandante.

En efecto, por una parte, la muerte del mandante deja al mandato sin razón de ser; no hay ya persona que pueda ser representada ni, por consiguiente cabe, para ese entonces, hablar de la sustitución real y efectiva de la voluntad del representado por las declaraciones de su representante, que caracteriza al contrato; al contrario, el ejercicio del mandato a pesar de la muerte del mandante, sin la presencia y vigilancia de éste, propicia que el mandatario abuse y sea él el que imponga su voluntad.

Y, por otro lado, como el mandato descansa especialmente en la confianza que en lo personal tiene el mandante en el mandatario, la desaparición del mandante hace desaparecer esa base en que el contrato se sostenía, toda vez que la confianza del mandante, dada su naturaleza estrictamente personal, no se transmite a los herederos, quienes tal vez ni siquiera conozcan al mandatario, ni la "confianza" puede calificarse como activo o pasivo integrante del patrimonio que, por ministerio de ley, pro indiviso, pase a los herederos a la muerte del autor de la herencia.

En esas condiciones, siendo tan radicalmente distinta la situación del mandato tras la muerte del mandante, debe estimarse que si a pesar de ello y, por disposición de la ley el mandato ha de subsistir, su subsistencia no permite ni puede permitir al mandatario actuar como ordinariamente lo haría en vida del mandante, y tiene entonces que entenderse, racionalmente, que la subsistencia del mandato, después de la muerte del mandante, necesariamente ha de restringirse, es de carácter excepcional, extraordinaria, limitada precisamente a situaciones en que la urgencia, el inminente peligro, la necesidad inaplazable de actuar, autoricen el ejercicio del mandato en circunstancias que son claramente contrarias a la naturaleza misma del contrato.

En la inteligencia de que, de esa manera, no se causa perjuicio a los herederos, porque de darse la urgencia o necesidad inaplazable, entrará el mandatario en acción, y de no presentarse esas circunstancias, tocará a los herederos, como es normal, colocarse en situación de poder hacer valer sus derechos.

Lográndose, con lo anterior, dar coherencia al sistema.

Por lo demás, debe decirse que si bien en los casos en que el mandato se otorga para cumplir un objetivo determinado, concluye una vez que se agota, esto no excluye que el mandato termine antes por otras causas.

Sobre el particular, Mateos Alarcón,(5) expone:

"... el negocio para el cual fue otorgado el mandato, puede convertirse, por circunstancias supervenientes en perjudicial o inoportuno para los intereses del mandante, que es el único competente para decidir acerca de su conveniencia, y por tanto, debe tener facultad de impedir su ejecución, revocando el mandato.".

Así, a pesar de no haber concluido el encargo para el cual fue otorgado el mandato, incumbe exclusivamente al mandante, no al mandatario, resolver acerca de la conveniencia de hacerlo, ya sea por el tiempo transcurrido o por cualquier otra circunstancia, y es por ello que, el mandante tiene la facultad de revocar el mandato con independencia de que no haya terminado el negocio o asunto para el cual fue encomendado.

Ahora bien, si el mandante ha muerto y no existe ya la posibilidad de que pondere sobre la conveniencia de actuar de uno u otro modo, y ni siquiera de que esté enterado del estado del asunto, debe considerarse, acorde con las ideas previamente expresadas, que el mandatario estará facultado para llevar hasta su conclusión el asunto encomendado, siempre y cuando las circunstancias lo justifiquen, esto es, que se esté frente a una situación que revista urgencia, necesidad inaplazable o peligro inminente en caso de no hacerlo; de lo contrario, corresponderá a los herederos decidir lo conducente, poniéndose, como se dijo, en situación de poder ejercitar sus derechos.

En virtud de lo anteriormente expuesto, con carácter de jurisprudencia debe prevalecer la tesis que sustenta este Pleno en Materia Civil del Primer Circuito, en los siguientes términos:

MANDATO. SU SUBSISTENCIA DESPUÉS DE LA MUERTE DEL MANDANTE ESTÁ LIMITADA A CASOS DE URGENCIA O NECESIDAD INAPLAZABLE. La muerte del mandante trae consigo un cambio profundo en la situación del mandato. Por una parte, en virtud de que deja al mandato sin razón de ser, pues no hay ya persona que pueda ser representada ni, por consiguiente cabe, para ese entonces, hablar de la sustitución real y efectiva de la voluntad del representado por las declaraciones de su representante, que caracteriza al contrato; al contrario, el ejercicio del mandato a pesar de la muerte del mandante, sin la presencia y vigilancia de éste, propicia que el mandatario abuse y sea él el que imponga su voluntad. Y, por otro lado, como el mandato descansa especialmente en la confianza que en lo personal tiene el mandante en el mandatario, la desaparición del mandante hace desaparecer esa base en que el contrato se sostenía, toda vez que la confianza del mandante, dada su naturaleza estrictamente personal, no se transmite a los herederos, quienes tal vez ni siquiera conozcan al mandatario. En esas condiciones, lo dispuesto por el artículo 2600 del Código Civil para el Distrito Federal (hoy Ciudad de México), al establecer que: "Aunque el mandato termine por la muerte del mandante, debe el mandatario continuar en la administración, entretanto los herederos proveen por sí mismos a los negocios, siempre que de lo contrario pueda resultan algún perjuicio", debe interpretarse en el sentido de que la subsistencia del mandato no permite ni puede permitir al mandatario actuar como ordinariamente lo haría en vida del mandante, debiendo entenderse, racionalmente, que la subsistencia del mandato, después de la muerte del mandante, necesariamente ha de restringirse, es de carácter excepcional, extraordinaria y limitada a situaciones en que la urgencia, el inminente peligro, la necesidad inaplazable de actuar, autoricen el ejercicio del mandato en circunstancias que son contrarias a la naturaleza del contrato; sin que tal restricción cause perjuicio alguno a los herederos, porque de darse la urgencia o necesidad inaplazable, entrará el mandatario en acción y, de no presentarse esas circunstancias, tocará a los herederos, como es normal, colocarse en situación de poder hacer valer sus derechos; lográndose, con lo anterior, dar coherencia al sistema.







________________
1. Principios de Derecho Civil Francés, tomo XXVIII, p. 100.

2. Derecho Civil Mexicano, tomo sexto, volumen II, p. 83.

3. Estudios sobre el Código Civil del Distrito Federal, tomo IV, pp. 526 y 529.

4. Tratado Práctico de Derecho Civil Francés, tomo XI, p.842.

5. Obra citada, p. 526.


Este voto se publicó el viernes 16 de junio de 2017 a las 10:22 horas en el Semanario Judicial de la Federación.



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